Dr. John
Wycliffe, 1320 - 1382
Conocido
como la “estrella de la mañana” de la reforma inglesa, supervisa la traducción
de la biblia a la lengua del pueblo. Un grupo de biblias, conocida como “Biblia
de Wycliffe”, es traducido al inglés medio, preparando el escenario para la
reforma protestante.
'Afirmo
que las indulgencias papales, si realmente son lo que se afirma que son, a
todas luces vienen a ser una manifiesta blasfemia, pues conceden, casi sin límite
alguno a los pecadores, una plena salvación. No solo con la absolución y las
indulgencias libran al pecador de las penas del purgatorio, sino que también se
afirma que una vez llegada la muerte, sin demora alguna, los santos ángeles
llevan el alma al descanso eterno... esta doctrina constituye una blasfemia
manifiesta contra cristo, pues con ella el papa se atribuye una autoridad
superior al mesías encarnado y divino, es decir, por encima de todo lo que es
dios. Ciertamente esta pretensión papal es acorde con el carácter del
anticristo.'
Cuando Wyclif regresó a Lutterworth, de allí envió tratados de carácter fuertemente punzante contra los monjes y Urbano VI, ya que este último, contrariamente a las esperanzas de Wyclif, no era un reformador o 'verdadero' papa, sino que había ejercido sus actividades en malvadas maneras. La cruzada en Flandes provocó el desdén del reformador, a la vez que sus sermones trataban con las imperfecciones de la iglesia. Los logros literarios de sus últimos días, tales como el Trialogus, destacan en la cumbre del conocimiento de su tiempo. Su última obra, Opus Evangelicum, cuya última parte tituló en forma característica Of Antichrist (El Anticristo), quedó incompleta.
Mientras estaba oyendo misa en la parroquia el día de los santos inocentes, 28 de diciembre de 1384, sufrió un nuevo ataque de apoplejía y murió tres días después. Sus restos no hallaron reposo en la tumba, pues en su tiempo el gran movimiento husita surgió e incendió toda Europa occidental. El concilio de Constanza declaró a Wyclif (4 de mayo de 1415) pertinaz hereje y excomulgado por la iglesia, se decretó que sus libros fueran quemados y sus restos exhumados, lo que sucedió doce años después, cuando al mandato de Martín V fueron desenterrados, quemados y las cenizas arrojadas en el río Swift que corre por Lutterworth.
El
siguiente pasaje muestra un texto de Wyclif sobre la autoridad y recta
utilización de la sagrada escritura: 'Para
que la cristiandad tenga un fundamento autónomo, Dios puso la ley de la
escritura como reglamento, en que los cristianos deben basarse en todo lo que
se refiere a su hablar y al significado de sus conceptos [...]. a pesar de que
algunos profesores opinan que en tiempos del anticristo y sus seguidores los
cristianos idearían muchas maneras para hacer frente a sus intrigas, a mí me
parece que la fe en la biblia es el mejor medio para discernir si un hombre enseña
y vive en armonía con la ley de cristo [...] si el amor por la ley corresponde
al amor por el legislador, ¿cómo entonces un hombre puede amar a cristo sobre
todas las cosas, si desprecia su ley o la abandona para seguir la ley de los
hombres? ¿Acaso no ama más el fruto de la ley que más adora, y por
consecuencia, ama más los bienes efímeros que los eternos? es exactamente lo
mismo con el estudio que el hombre dedica a ampliar su conocimiento, porque éste
significaría más amor por Dios si estuviera dirigido a la ley de cristo, y por
ende, un bien mayor. Y lo mismo se puede decir de los que multiplican las leyes
de los hombres, con lo cual hacen pedazos el estudio de la teología. ¿Acaso la
ley de cristo, tal como es legada a la posteridad en la biblia, no es
suficiente? ...¿acaso hay que creer que aquellos que estudian las leyes ajenas
bajo el pretexto de conocer mejor la ley de cristo, conservarla y protegerla,
tendrán una disculpa creíble ante el tribunal del máximo juez? ¿Acaso no son
sus propias acciones las que los denuncian? deberían, en primer lugar,
examinarse a sí mismos si entienden tanto de la ley de cristo como deberían,
siempre que se esfuercen por el conocimiento práctico de los mandamientos del
señor en la misma medida que conocen los reglamentos de los hombres. ![]() |
| Los Diez Mandamientos escritos con el dedo de Dios |








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