2.- EL MINISTERIO DEL ANTICRISTO

Los apóstoles conocían la profecía de Daniel 7 y sabían que un gran cisma habría de conmocionar al pueblo de Dios. Sabían que finalmente de la misma Iglesia habría de levantarse un rey altivo de rostro y entendido en enigmas” el cual aprovecharía su influencia eclesiástica para “echar por tierra la verdad”(Daniel 8:23,12; 7:25). Las siguientes declaraciones de los apóstoles Pedro y Pablo, dejan ver con claridad que ellos esperaban el cumplimiento de la profecía:

“...Redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina, pues vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, ...se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:2-5).

“Hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras... Y muchos seguirán su libertinaje, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado” (2 Pedro 2:1-3).
El Apostol Pedro


SIMÓN EL MAGO Y SU "ERMITA"

Es claro: los apóstoles sabían que algo grave iba a ocurrir dentro de la iglesia y es el mismo Pedro quien conoció y reconoció a dicho hombre quien sería el responsable del ministerio de la iniquidad más grande organizado en sus días. Su nombre era SIMÓN de Gitta más conocido como Simón el mago; fue un líder religioso sacerdote babilónico y  Gnostico, él era parte de una comunidad babilónica que había estado viviendo en la tierra al Norte de Israel desde que las Diez Tribus del Norte fueron llevadas cautivas por los asirios. Dios nos dice que esos samaritanos, como se les llamaba alegaban que ellos eran el verdadero pueblo de Dios mientras que al mismo tiempo practicaban muchos ritos paganos los cuales vinieron directamente de Babilonia (II Reyes 17:41).

Simón el mago había “hechizado” (Hechos 6:9, 11) a la gente de Samaria “porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo” (v. 11). La gente de esa ciudad había asumido de manera errónea que él era “el gran poder de Dios” (v. 10). El estatus de Simón el mago se vio amenazado cuando Felipe entró en la ciudad y empezó a predicar el evangelio del Reino de Dios. Cuando la gente “…creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Yeshúa, se bautizaban hombres y mujeres” (v.12). Simón estaba entre los que creyeron y fue bautizado también. Él “viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito” (v.  13).
Ya que las personas a las cuales Felipe había bautizado no habían recibido la imposición de manos para recibir el Espíritu Santo, Pedro y Juan fueron de Jerusalén a Samaria para llevar a cabo esta parte tan importante del bautismo (vv. 14-16). Viendo que la gente recibía el espíritu santo a través de “imposición de las manos de los apóstoles”, Simón les ofreció dinero a cambio del poder para él darle el espíritu santo a la gente también (vv. 17-19). Al darse cuenta que su propósito estaba equivocado, Pedro reprendió fuertemente a Simón el mago diciéndole: “Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás(Hechos 8:20-23). La ultima información que se tiene acerca de Simón el mago en la Biblia, es que en lugar de arrepentirse de su pecado, sólo le pide a Pedro: “Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí” (v. 24).

Sin embargo, según el informe unánime de las autoridades del siglo II, él persistió en sus falsas opiniones. Los escritores eclesiásticos de la Iglesia primitiva lo representan universalmente como el primer hereje, el “Padre de las Herejías”.

Harnack, historiador de la iglesia, declara que Simón el Mago “proclamó una doctrina por la cual la fe judía era extraña y grotescamente mezclada con mitos babilónicos, junto con algunas adiciones griegas. La adoración misteriosa a la diosa Semiramis, junto con otra deidades, dieron como consecuencia un sincretismo salvaje, es decir, la mezcla de creencias religiosas, cuya meta era una religión universal, todo eso contribuyó en ganar seguidores para Simón” (“Historia del Dogma”vol. 1, pág. 244). Pedro conoció la mente de ese hombre y en lo que ese hombre se iba a convertir. Esto es aclarado por Sir William Ramsay en su “Descripción de la Iglesia Apostólica” pág. 60. El dice: “Pedro lo reprendió en términos fuertes y proféticos. La profecía está encubierta en la traducción ordinaria: el griego quiere decir: “tú estás por una hiel de amargura y prisión de injusticia, la cual será causal de veneno, corrupción y cárcel para otros.”

¡La actitud de Simón fue en extremo corrupta! La Biblia muestra que él había estado trabajando a través de demonios. Y aun así él finalmente se llamaba a sí mismo “cristiano”. El Dr. McGiffert, hablando acerca de Simón el Mago dice: “Su esfuerzo por rivalizar y sobrepasar a Jesús muy probablemente comenzó después de su contacto con los cristianos que Lucas registra. Su sistema religioso era aparentemente un SINCRETISMO de elementos judíos y orientales” (Diccionario Hasting’s de la Iglesia Apostólica, vol. 2, pág. 497).

UNA ERMITA UNIVERSAL ROMANA
Puerta de Miègeville de la
 Basílica de Saint-Sernin - Simoni

“Justino Mártir escribió [152 D.C.] en su Apología, "la secta de los Simonitas parece haber sido algo formidable, porque él habla cuatro veces de su fundador, Simón, y no tenemos duda de que él lo identificó con el Simón de los Hechos. Él lo describe como un mago formidable y dice que él vino a ROMA en los días de Claudio César, (45 D.C.), y causó tal impresión con sus poderes mágicos y una estatua le fue erigida a él sobre el Río Tiber, entre los dos puentes, llevando la inscripción: ‘Simoni  deo sancto’ (el santo dios Simón)” (Diccionario de Biografía Cristiana, vol. IV, Pág 682).

Universidad de Tübingen
Más adelante la Escuela Tübingen de Baur y sus seguidores constituyeron a este “legendario” Simón el mago, el vínculo para la evidencia histórica de las alegadas facciones “petrinas” y “paulinas” en la Iglesia primitiva, que habían peleado entre sí y de cuya unión surgió una Ermita (Iglesia) Romana BabilónicaPor la misma razón esta escuela, especialmente Lipsio, le atribuye todos los logros de Simón el Mago a la historia como los propios logros de Simón Pedro en Roma (cf. Schmidt, “Petrus in Rome”, Lucerne, 1892).

Los escritos anti-heréticos de la Iglesia primitiva le han atribuido un sistema de doctrinas desarrollado a Simón y sus seguidores, especialmente en San Ireneo (Contra Herejías I.23, IV y VI.33), en la "Philosophumena" (VI, VII ss.), y en San Epifanio ("Haer.", XXII). La obra "La Gran Declaración" (Apophasis megale) fue también adscrita a Simón, y los "Pseudo-Clementinos" también presentan su enseñanza en detalle. Hoy día no se puede determinar cuánto de este sistema perteneció realmente a Simón. Todavía su doctrina parece haber sido un gnosticismo pagano, en el cual él se proclamaba como el Estable (estos), la principal emanación de la deidad y el redentor. 

No existe prueba alguna histórica y Bíblica de que Pedro ejerciera el cargo de obispo de la Ermita de Roma por 25 años. Según los Hechos de los Apóstoles, Pedro se quedó en Jerusalén después de la muerte de Esteban. Pablo, diecisiete años después de su conversión encontró al apóstol Pedro ejerciendo todavía su ministerio en aquella ciudad (Gálatas 1:18 y 2:1). Cerca del año 58 (o sea después de dieciséis años de pontificado de Pedro en Roma, según la tradición católica), Pablo escribe su carta a los Romanos, y en ella no hace mención alguna a su obispo: aquel gran apóstol tan bien conocido por Pablo, como vemos en otras epístolas suyas. Al final de esta carta hay una lista de 27 cristianos de Roma, a los cuales el apóstol envía saludos, poniendo alguna frase de elogio para cada uno de ellos; pero no envía ningún saludo para Pedro, el pastor de la Iglesia.
Pablo en Roma

Como tres años después, Pablo mismo llegó a Roma, y muchos cristianos salieron a recibirle a una distancia de 25 kilómetros. Si Pedro hubiese estado en Roma, ¿no tendríamos alguna noticia del encuentro de estos dos grandes adalides de la misma causa cristiana? Pero ni una palabra de ello nos dice el autor de los Hechos de los Apóstoles. Pablo residió dos años en Roma en calidad de preso custodiado y durante estos dos años Pablo escribió muchas epístolas, y en casi todas ellas envía salutaciones de la Iglesia y de varios cristianos prominentes de Roma; pero nunca menciona a Pedro. En la carta dirigida a los Colosenses da los nombres de sus colaboradores, y añade: "Estos solos me ayudan en el reino de Dios" (Colosenses 4:7, 11). Pero entre éstos no se halla Pedro, cuando de haber sido el obispo de Roma debía figurar como el primero de sus ayudadores.

En su 2ª carta a Timoteo, refiriéndose Pablo al final de estos dos años, cuando fue presentado a Nerón, dice: "En mi primera defensa nadie me asistió; todos me desampararon: ruego a Dios que no les sea imputado"; Poco antes de su muerte, como lo expresa al decir: "Yo ya estoy para ser ofrecido, y el tiempo de mi partida está cercano", el apóstol Pablo envía por última vez saludos de cuatro cristianos principales de Roma: "Eubulo, Pudente, Lino y Claudio" (2ª Timoteo 4:21). Es este Lino a
Justino Martir
quien los católicos suponen sucesor de Pedro y segundo papa de Roma. Por tanto, 
Justino Mártir ni Pablo de Tarso hablan del Obispado de Pedro en Roma. Y mucho menos el apóstol Juan habla de una sucesión de papas quien según Polycrates, obispo de Efeso (AD 190), Juan “durmió” siendo ya muy anciano en Efeso. Jerónimo (el autor de la Vulgata) también dice que Juan tenía que ser cargado a la reunión por su avanzada edad. Esta historia es secundada por Ireneo (c. 202), quien dice que Juan vivió hasta el tiempo del emperador Trajano, ca. 98- ca. 117 AD, siendo muy anciano y nunca menciona a Pedro ejerciendo como  Papa en Roma.


Mientras que la comunidad cristiana en Roma bien entrada a la segunda centuria, operaba y crecía como una colección de comunidades separadas sin ninguna estructura central… Roma era una constelación de iglesias de casa (grupos pequeños), independientes unas de otras, cada una de las cuales era gobernada por un anciano. Las comunidades así básicamente seguían el patrón de las sinagogas judías a partir de las cuales ellas se desarrollaron. (O’Malley J.W. Una historia de los clérigos. Sheed & Ward, 2009, p. 11). 
En cuanto a moral Simón era probablemente antinomiano, enemigo de la ley del Antiguo Testamento. Sus discípulos continuaron con sus artes mágicas, y llevaban vidas desenfrenadas y licenciosas, según los principios que habían aprendido de su maestro. De cualquier modo, se llamaban a sí mismos simonianos, pues consideraban a Simón el Mago como su fundador. SIMON EL MAGO, el único que llevó a ellos el "cristianismo" en el disfraz de la vieja religión de los misterios babilónicos. ¡Simón vino a Roma con la gran idea de establecer una RELIGIÓN UNIVERSAL en el NOMBRE del cristianismo! ¡Y lo que es memorable es que lo consiguió!


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